José Zorrilla

Por Ángela Hernández Benito

Cuenta la leyenda que, el día 21 de febrero de 1817, un pájaro de vistoso plumaje se posó en las tapias aledañas a la única casa de la calle de la Ceniza de Valladolid, a la misma hora en que vino al mundo un niño sietemesino, que con el tiempo llegaría no sólo a ser grande, sino a ennoblecer el teatro romántico español. El niño no era otro que José Maximiano Zorrilla Moral —el inmortal, José Zorrilla—.Sus padres, José Zorrilla Caballero y Nicomedes Moral y Revenga, quisieron encauzar a su hijo por el camino de las leyes apartándole del arte de hacer versos y sometiéndole a una estricta vigilancia, que no impidió que desarrollara una apabullante fantasía y un extraordinario amor por el teatro. Su andadura estudiantil transcurrió entre el Seminario de Nobles de Madrid, la Universidad de Toledo y la de Valladolid, en la que estudió leyes hasta marchar a Madrid en 1837, decidido a lograr el triunfo y a dedicarse enteramente a la literatura. Allí, después de unos meses difíciles y de unas condiciones de vida muy precarias, su suerte iba a cambiar cuando, tras declamar frente a la tumba de Larra los versos de la elegía que había compuesto para la ocasión, fue aclamado por toda la intelectualidad del momento e inmediatamente acogido en los ambientes literarios de la capital.
José Zorrilla comenzó entonces a colaborar en periódicos y a publicar obras, demostrando una ingente capacidad creadora que le llevó a producir treinta y tres obras dramáticas, en las que evidenció su facilidad para construir versos, la seguridad de su inspiración, su rapidez de escritura —Don Juan Tenorio, por ejemplo, la escribió en veintiún días— y su virtuosismo en el metro.

En 1839 se casó por primera vez. Su esposa, Matilde O'Reilly, le llevaría por el camino de la amargura durante gran parte de su vida. En 1845, Zorrilla viajó a París, donde se relacionó con Dumas, Georgc Sand, Musset y Gautier. En el 49 publicó Traidor, inconfeso y mártir, obra con la que años después, en 1884, se inauguraría el vallisoletano teatro que lleva su nombre.
En 1855 se trasladó a Méjico para ser "lector" del emperador Maximiliano I v, más tarde, director del Teatro Nacional de aquel país. El fusilamiento del Emperador, en 1867. le desgarraría el corazón v le inspiraría El drama del V alma, un emotivo poema sobre las vicisitudes del imperio mejicano. Zorrilla había vuelto a España un año antes, en el 66, siendo recibido como una gran figura de las letras, en cuyo honor se organizaban veladas literaria y por cuyas lecturas disputaban los ateneos y los liceos.
En 1869 contrajo nuevo matrimonio; en esta ocasión con Juan Pacheco, treinta y dos años más joven que él. En aquellos años, las deudas y las estrecheces económicas continuaron, incluso a pesar de su designación como representante del Estado en Italia. En 1882 fue nombrado "por segunda vez miembro de la Academia Española, treinta y cuatro años después de que su primer nombramiento fuese anulado (1848); le correspondió el sillón "L mayúscula" y accedió a él con un discurso escrito íntegramente en endecasílabos.
En 1884 se le otorgó la distinción de "Cronista Oficial de Valladolid", nombramiento que fue acompañado de una pensión de 18.000 reales que vino a mitigar un poco la penuria del escritor.
En 1889, a los 72 años, fue coronado "Poeta Nacional", sin duda el acontecimiento más gozoso para el poeta en el ocaso de su vida. Fue aclamado por unanimidad y se le rindió) un homenaje nacional, que contó con la presencia del Conde de las Infantas y del Duque de Rivas —en representación de la Reina regente— y de muchos escritores, políticos y artistas; entre ellos el vallisoletano Emilio Ferrari.
Afectado de graves problemas de salud, José Zorrilla falleció en Madrid el 23 de enero de 1893 y su capilla ardiente fue instalada en la Real Academia Española. A su entierro, en el cementerio de La Sacramental de San Justo, asistieron miembros del Gobierno, de Academia y una nutrida representación de corporaciones y sociedades como el Ayuntamiento de su ciudad natal.
En 1896, los restos del excelso poeta fueron trasladados a Valladolid, en cumplimiento de su propia voluntad; en la actualidad descansan en el Panteón de Vallisoletanos Ilustres.
El gran poeta romántico vallisoletano legó para la posteridad una amplia producción literaria. Entre sus obras, de manera somera, cabe reseñar: Don Juan Tenorio, Margarita, la lomera, Cada cual con su razón, El zapatero y el rey, El cristo de bronce o Traidor, inconfeso y mártir.


(C) 2006 - Quedan todos los derechos reservados

Imprimir esta página