ENCICLOPEDIA GRÁFICA (HORROR VISUAL)
Del 8 al 25 de Febrero de 2007
ENCICLOPEDIA GRÁFICA (HORROR VISUAL)
Artistas de la exposición: Alberto Sobrino, Alejandro García, Alejandro Antoraz, Jorge Consuegra, Oscar del Amo, Ginés Martínez, Julio Lebrato, Mar Herrero, Carmen Albo, Yolanda Falagán, Penélope Crespo, Rosa Rico, Ricardo Palomino y Julio Falagan..
Artistas seleccionados en la convocatoria de la FMC del 2006
SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DEL TEATRO CALDERÓN (c/ Leopoldo Cano s/n. Tlfno.983 426450)
Como demuestran las imágenes que suelen decorar las paredes de los talleres y garajes, el sitio donde uno trabaja es algo muy íntimo; a menudo más que la habitación donde uno guarda sus cosas, se desnuda y se pone a dormir cuan bebé. Atrevámonos a ponernos un poco pedantes (¿Por qué no? Reconozcamos que los miembros del Colectivo que se dedican al diseño son pedagogos): hay un libro de título bastante conocido. Según su autora, los artistos (ella se refiere sobre todo a las escritoras, pero creo que en este caso lo que dice es aplicable a los artistos en general, ya verán) necesitan para lo suyo un espacio de independencia; material, social… Unas veces una caseta sin ventanas en medio del descampado o un ático diminuto que siempre guardará el hedor del tabaco, otras una ala completa de una casa abandonada del pueblo. Dicen las leyendas que hay profesionales que llevan veinte años alquilando naves industriales en diversos puntos del mundo, y allí acumulan más y más lienzos y pinturas, allí los dejan pudrirse y mezclarse con bidones, escombros y ratas: un vano intento de recrear el espacio mágico donde fue descubierta la fórmula. Pienso que la expresión “Cocina del Arte” no se refiere tanto a un laboratorio de alquimista donde se produce la transmutación de la porquería en oro –¡vaya un cambio!- como al espacio familiar donde el alma de la casa consigue cada nuevo día salvar la situación echando mano de los ingredientes y utensilios dispersos en cajones y armarios. Este es el espacio donde hacen sus cosas los artistos, y también los mecánicos de motocicletas. Pero no debería malgastar este papel ostentando conocimientos inútiles. Permítaseme insertar aquí un párrafo ilustrativo, justificativo y citable, un párrafo como Dios manda, y después volveré con ustedes:
“Es sabido que, desde que el Arte es cosa de todos, han dejado de interesar las Obras de Arte, y es todo lo que las rodea lo que intriga a curiosos y entendidos a la par. Una vez se ha decretado que las Obras Maestras de nuestra Cultura pertenecen e incumben a pobres y ricos, escépticos y aficionados, deja de interesar aquella parte de las mismas capaz de interpelar a todos los ciudadanos por igual. Nos interesan las circunstancias de su creación, la agonía y el éxtasis, el proceso creativo, etc. Nos interesa saber cómo quería el autor que fuera vista su obra, cómo fue vista por primera vez, de qué forma se abrió paso entre borradores, rabietas y arrebatos (suponemos). De ahí las visitas guiadas a los talleres de Miró, Bacon, Pollock, de ahí que, en caso de dispersión o demolición, se reconstruyan en museos los despachos de Breton, Barthes, de la Serna. Seguro que una visita rápida transmite la chispa de la Cultura Nacional a los respetuosos visitantes. Nadie se hace ilusiones, pero, en fin, el contribuyente tiene derecho a tener la ocasión, por si acaso. Los integrantes del Colectivo Satélite querrían abrirnos las puertas de sus talleres, ofreciéndonos una ocasión inmejorable de apreciar su labor creativa y mejor entender su obra. Mejor aún: van ellos y nos los traen aquí. Disfruten.”
Reconozco que, aunque cueste verlo entre tantos tópicos y morralla, a veces tiene algo de razón mi primo. Prometo mañana releer el párrafo anterior más atentamente. Volvamos a lo nuestro: hacer algo, cualquier cosa, requiere un espacio donde las cosas puedan ser hechas. Se acumulan recortes, trastos, fracasos, avisos, proyectos, todo puede entrar en la obra. Al final, todo lo que entra por la puerta puede terminar formando parte de la obra, y la presencia de ésta impide ciertas entradas, o provoca expulsiones súbitas. Tal vez la obra final sea una birria, un fraude. ¿Y qué, cuando contaba más obrar que producir obra? Y el obrar nos exigirá que un día arrojemos la obra, el aborto, al contenedor más cercano, para hacer sitio y poder seguir acumulando. (Hay quienes tienen que pagar para que se la lleven, se dice que tienen éxito de público y crítica, ¡qué cosas!) A algunos les distingue este hábito de perseguir, recoger y acumular. Como al famoso escritor que recogía cualquier papel que veía escrito en la calle, tal era su vicio de leer, como al artisto del Colectivo Satélite Julio Falagán, cuyo vicio le ha llevado a enterarse del procedimiento mediante el cual los demás artistos nos hemos hecho con este benemérito recinto. Como a tanta gente, incluyendo a los visitantes, que son invitados a aportar su propia contribución al maremágnum de material que cubre las paredes, aunque sea a costa de desalojar un tanto el espacio cotidiano del que ellos se han apropiado.