KEITH HARING & WILLIAM BURROUGHS
APOCALYPSE
La muestra está formada por 10 obras de gran formato en las que Haring muestra, bajo su peculiar y universal iconografía, el Apocalipsis ficticio narrado por Burroughs, cuyos textos acompañan las piezas del graffitista.
En ellas se muestra un apocalipsis no muy diferente al real, que llamaba día a día desde hacía años a la puerta del prolífico artista de Pennsylvania: el SIDA. Una enfermedad que acabó con su vida un año después y con tan sólo 32 años.
Además de las piezas de Keith Haring y los textos originales de William Burroughs, la exposición está compuesta de documentales de ambos autores, 2 piezas de video producidas en exclusiva con motivo de esta exposición: "Apocalypse" y "Alucignosis", realizados por el dúo de artistas multimedia Equipo Moral; y un pieza de vídeo en la que se muestra la Colección "Beat" que los diseñadores de moda Locking Shocking crearon como homenaje a William Burroughs.
Las ediciones conmemorativas de esta exposición no pueden ser más atractivas: las imágenes de Haring + los poemas del Pope del underground William Burroughs, dicho de otra manera, un libro de Burroughs ilustrado con imágenes del gran Keith Haring. Pero por si esto no fuera poco, se incluye un CD (con diseño de lujo, creado por el artista Xavier Monsalvatje), con los poemas del poeta beat musicados por miembros de Maine (J. A. Salinas y Alejandro Martín), y con las bases electrónicas de Francis Martín (Monna Lisa), bajo la producción de Harold Burgon (el técnico de sonido de la ultimísima formación de los Beatles y de otros conocidísimos grupos y solistas –Alvin Lee, , The Pogues, The Screaming Blue Messiahs, Terrorvision…-). El nombre de este grupo y del álbum no pueden ser otros: “Apocalypse”. Este álbum ha sido editado por el sello madrileño Subterfuge Records.
William Burroughs
"Como la mayoría de gente, vivo en un contínuo estado de pánico. Cada segundo somos virtualmente atemorizados. Esta es una década muy triste, una década muy sombría. Sombría y horrible." William S. Burroughs. Septiembre de 1990.
William Seward Burroughs, tercer miembro fundamental junto a Jack Kerouac y Allen Ginsberg de la Generación Beat, es el santo patrón de la escena underground y punk que a finales de los 70 y principios de los 80 tiene lugar en el East Village de Manhattan; escena formada por un movimiento anárquico de escritores, músicos y artistas que busca una respuesta al modelo de progreso, al capitalismo americano y al conformismo social que se arrastra desde los 50 y 60, y entre los que se encuentra un joven muy activo llamado Keith Haring. Incluso hay quien como Polina Mackay considera ese barrio neoyorquino, en ese momento, como escenario propicio para "El almuerzo Desnudo", la Biblia del momento: obsesiones por toda clase de virus, extraterrestres, conspiraciones gubernamentales, adicciones a cualquier o a todas las cosas, ferviente experimentación artística, una paranoica búsqueda de salidas, el desmantelamiento del llamado sueño americano, la homosexualidad, extenuantes fiestas...
En "El almuerzo desnudo"¨(1958), William Burroughs ya se describe presa del horror por el torbellino del progreso y por el poder del sistema. Un apocalipsis causado y orquestado por las instituciones productivas y las científicas, artísticas y filosóficas que infectan un virus mortal en los ciudadanos a través del lenguaje del progreso.
Sin embargo, la primera aparición pública de Burroughs como un profeta del apocalipsis es en 1980 en la Conferencia del Planeta Tierra, celebrada en el Instituo Ecotécnico de Aix-en-Provence, en Francia. En ella ofrece una charla titulada "Los 4 Jinetes del Apocalipsis" en la que desgrana los elementos antes citados como consituyentes de su concepto apocalíptico. Un apocalipsis que, como vemos, tiene también su razón de ser en el mundo contemporáneo. Para Burroughs la única solución es "salir de aquí, escapar", comenzar de nuevo, aprender un lenguaje nuevo.
Keith Haring
"Me interesa crear obras de arte que puedan contemplar y explotar tantos individuos como sea posible, personas que tengan ideas totalmente diferentes sobre la obra y que no le atribuyan ningún significado definitivo. Yo no soy más que un intermediario que intenta poner en común ideas diferentes". Keith Haring, octubre de 1978
Keith Haring es un hijo del Pop Art, de Andy Warhol, de los comics, de Walt Disney, de la ciencia ficción, de los mass media, de la era de la televisión y del video, de los robots, de los ordenadores, de la tecnología, de la era nuclear, de la música disco y el rap, del sexo y las drogas, del SIDA y del AZT, de Burroughs y del efervescente East Village de fines de los 70 y de los 80.
Fiel al espíritu del "hazlo tú mismo" que recorre su generación y de la nueva estética para la que no estaban las galerías y centros de arte del momento preparados, Haring busca una salida a su arte demostrando junto a los graffitistas que hay algo al otro lado del sistema en el que se dejan atrapar la mayoría de los artistas. Haring no necesita ni galería ni busca perennemente esa persona ideal que lo inserte en el establishment artístico.
Deja su sello en todas partes, en cualquier sitio. Haring usa la calle y los lugares elegidos por la cultura del consumo en el corazón de las ciudades para llegar al público, para dejar los mensajes que desea con diferentes medios: tiza en el metro, rotulador sobre anuncios luminosos, sprays y gruesos pinceles sobre los muros, la fotocopia en las farolas y paredes susceptibles de ser encoladas...
Haring crea una iconografía sin precedentes en la historia del arte del siglo XX, y tan famosa como los logos de las multinacionales, con un vocabulario totalmente contemporáneo a base de figuras alegóricas y fórmulas abstractas con las que comunica su lectura y advertencias sobre la sociedad actual: los televisores siempre retrasmitiendo (la fuerza de los medios de comunicación), los ordenadores tóxicos (la deshumanización de la tecnología), los omnipresentes dólares (el poder del dinero), los bebés radiantes (la infancia, la vida, la alegría y la cara positiva de la humanidad), los practicantes de sexo (la sexualidad, la transmisisón de energía, la homosexualidad), el baile y los personajes que se entrelazan (la necesidad de los hombres y mujeres por relacionarse, la amistad, el hermanamiento, la unión, la colaboración), los esclavos (las actitudes denigrantes, el apartheid), las serpientes (las tentaciones del mundo moderno), las pirámides y los platillos volantes (los objetos sagrados, los transmisores de energía), etc.
Su popularidad crece por el nivel de comprensión de la obra. Eso hace que el sistema del arte lo desdeñe por dirigirse y conectar con la cultura más popular, pero puede ser el perfecto iconógrafo-transmisor del mensaje apocalíptico del Profeta Burroughs.
La vida de Keith Haring es intensa, radiante, sincera, honesta, generosa, ejemplar y apasionada. Haring se halla recorriendo su propio y frenético calvario, y cuando ve cómo las personas de su alrededor se derrumban a causa del SIDA y que le quedan pocos años de vida, no existen para él horas suficientes para visitar a sus amigos, para acudir a fiestas, para conocer más gente, para enamorarse, para practicar sexo, y, sobre todo, para pintar todo lo que piensa que no podrá llegar a pintar, porque sabe que la contribución que puede hacer al mundo es su talento para el dibujo ("pienso dibujar todo lo que pueda, para tantas personas y durante tanto tiempo como me sea posible"). A pesar de ese Juicio Final a cuyas puertas cree estar cada día que pasa, su lectura del mundo nunca es desagradable. No hay ninguna imagen en las obras de Haring desagradable. Si para Burroughs la literatura es la única vía de escape, Haring afirma que "cuando comprendemos nuestra fugacidad, cuando aceptamos la autodestrucción, llegamos a ser conscientes de nuestro destino y nos vemos obligados a asumirlo. El arte es la única respuesta posible ante la perspectiva de la destrucción (de la aniquilación)”.
El Apocalipsis
"...como la unión entre Dante y Tiziano” “...cuando la reputación que tienen se calme en el tiempo, Burroughs y Haring se convertirán en iconos porque Apocalypse es una de las más grandes obras de arte del siglo” Timothy Leary, 1988
Tras conocerse e iniciar una amistad profunda, Burroughs, el Profeta, y Haring, uno de sus más populares seguidores, se unen en 1988 para redactar e ilustrar el Apocalipsis, en una relación que para el escritor nunca es del tipo maestro-discípulo, sino "equilibrada", sobre todo tras su sorpresa por el resultado del trabajo del joven pintor ("cuando vi sus serigrafías por primera vez, fue un shock, un buen shock").
A partir de la situación apocalíptica de que "Nada es verdadero. Todo está permitido", y su consecuencia: "Todo es ilusión, sueño... ARTE", Burroughs describe la llegada del nuevo orden, del nuevo lenguaje, el final del virus, el fin de la enfermedad, para que el Hombre vuelva a recuperar los sentidos y vivir la nueva realidad. Un apocalipsis liberador, sin Satanás, anticristos o desastres.
Un apocalipsis que le sirve a Keith Haring para, por un lado, demostrar que es en el espíritu de su arte y en su cuerpo condenado donde se encuentra la posibilidad de perdurar y, por otro, enfrentarse al terror de su enfermedad.
Una enfermedad que se convierte en protagonista de la composición a través del "esperma demoníaco", agente del virus mortal. Un "esperma demoníaco" que nace ese mismo año para formar parte de la numerosa familia iconográfica del autor; el año en el que Haring ya sabe que antes o después va a morir, aunque públicamente no se reconoce seropositivo hasta un año más tarde.
Siguiendo la influencia de la técnica de Burroughs del "cut-up", las diez obras de Apocalypse combinan símbolos que se explican por sí mismos y son muy obvios, pero tal y como se encuentran combinados y yuxtapuestos nos ofrecen la posibilidad de extraer diferentes impresiones al mismo tiempo, como si de un estado de sueño se tratara, en el cual una parte tiene sentido y la otra es contradictoria y, sin embargo, ambas existen conjuntamente como una realidad única.
Comprometida, dolorosa, brillante, sugerente, pedagógica, reveladora.., la obra resultante de la colaboración entre estos dos monstruos del siglo XX, además de descubrirnos lo que no sabemos que sabemos, reafirman que no existe final, sino un punto de partida para algo nuevo y diferente.
Algo nuevo y diferente es lo que pretende construir el Centro Saramago. Y eso es lo que se ha intentado conseguir con esta exposición: interrelacionar disciplinas como artes plásticas, literatura, música, video para crear una vía alternativa de escape hacia otra realidad.
Desde aquí, deseo agradecer a todos aquellos que han estado vinculados a este proyecto, sin los cuales hubiese sido imposible realizar este proyecto, que es más que una exposición: Juan Mar, por su confianza y por tener un sueño; Dumia, por estar ahí siempre; Xavier Monsalvatje, por su apoyo, compañía, consejos y trabajo; Alejandro Martín, Salinas y Francis Martín por su esfuerzo y captar el concepto del Apocalípsis de Burroughs y hacer la maravillosa banda sonora del proyecto; Carlos T. Mori y Chema Alonso (Equipo Moral), por aportar muchísimo más de lo que se les había pedido; Harold Burgon, por su sabiduría, profesionalidad y paciencia; Jaime Lavagne, por saber tanto y los viajes a Lugo; Raúl "Sex" por su coordinación; Rosa Morillas por su revisión literaria, conocimientos y por todo lo que queda por hacer; el diseñador Javieribáñez por su gran gusto; Carlos Galán y todo Subterfuge por su entusiasmo; Nilo Casares; Sarah Moss; Chilín; Gabi "Eraserhead"; la Diputación de Granada; Pilar del Río y José Saramago; la gente de Castril; y todos aquellos indirectamente relacionados con Apocalipsis, porque antes y durante todo el tiempo estuvieron aportando energía: staff de Granada Networks, D-Látex, la gente del Museo de Lugo con Encarna Lago a la cabeza, y, finalmente, la familia, Antonio Pareja, los Bea's, los socios de Contemporánea y los amigos.
Mario Martín Pareja
Comisario de la Exposición



