CARTIER-BRESSON . The early works. / Premières pho
Del 4 de Octubre al 12 de noviembre 2006 CARTIER-BRESSON . The early works. / Premières photos.
Con la colaboración de la Fundación Cartier Bresson de Paris y Mágnum PhotosSALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE SAN BENITO. (C/San Benito s/n. Tfno: 983.426193)
La exposición procede de la Fundación Henri Cartier Bresson de París, institución que ha cedido a Valladolid, -y tras un largo y minucioso informe de Mágnum Photos- la posibilidad de presentar en nuestra ciudad, y por primera vez en España, esta muestra en la que podemos ver los primeros trabajos del mítico fotógrafo.
En 1932, con treinta y cuatro años de edad, Henri Cartier-Bresson adquirió una Leica manual y lo que antes no era más que un interés casual se convirtió en una pasión. A lo largo de los tres años siguientes creó uno de los conjuntos de obra más originales e influenciales en la historia de la fotografía.
Cartier-Bresson estudió pintura y ya de joven entró en contacto con el arte de la vanguardia. Le atraía especialmente la actitud rebelde del surrealismo, que fomentó su propio rechazo a la sociedad burguesa en la que fue criado. De 1932 a 1934 viajó a Italia, España y México, introduciéndose en el mundo de los desposeídos, los marginales y los ilegales, que abrazó como si fuera suyo. Si el surrealismo buscaba erradicar la distincción entre arte y vida, nadie lo logró como Cartier-Bresson a principios de los años treinta. Su pequeña cámara no imponía ninguna barrera entre vivir y trabajar y a través de ella inventó un nuevo estilo fotográfico para describir el flujo y la espontaneidad de la experiencia. Escribió que estaba "resuelto a atrapar la vida – a preservar la vida en el acto mismo de vivir. Sobre todo, deseaba atrapar la esencia, dentro de los límites de una sóla fotografía, de una situación en el proceso mismo de desarrollarse ante mi mirada".
El 3 de agosto de 2003, moría Henri Cartier-Bresson a la edad de 95 años. Considerado por muchos como el “fotógrafo más grande de los tiempos modernos”, tal y como decía su íntimo amigo André Pierre de Mandiargues, HCB será recordado como un demiurgo capaz de inventar el mundo a través de la captura de un instante de la vida para preservarla en imágenes prises à la sauvette , sabedor de que prolongaba, en su siglo, la tarea sin fin del artista por robar al tiempo y al espacio el más mínimo hálito de vida en su lucha por sobrevivir a la tormenta de la existencia. Retratista de Matisse, Bonard, Braque y Miró, cómplice de Giacometti, asistente de Renoir, compañero de Breton y los surrealistas, sería capaz, como nadie, de arrancar un instante de inmortalidad de la vida misma.
Con él desaparece un hombre que encarnaría, durante un largo transcurso de la historia del medio, una de las esencias de la fotografía y que para toda una generación de fotógrafos vino a significar el auténtico espíritu de la misma al ser el padre espiritual del instante decisivo. Miembro fundador de Mágnum, su obra ha sido de gran influencia para las generaciones posteriores de fotógrafos.
