Vidas Privadas

VIDAS PRIVADAS.
Vidas Privadas es una selección de los fondos de la colección Fundación Colectania, que, desde el inicios de 2002, promueve y difunde el coleccionismo de fotografía. Su colección está dedicada a la fotografía portuguesa y española desde los años 50 hasta nuestros días. Para esta selección se han reunido 72 obras de 38 fotógrafos, entre ellos los españoles Francesc Català-Roca, Xavier Miserachs, Paco Gómez, Gabriel Cualladó, Joan Colom, José Miguel de Miguel, Carlos Pérez Siquier, Joan Fontcuberta, Humberto Rivas, Toni Catany, Cristina García Rodero, Alberto García Alix, Xavier Ribas y Javier Vallhonrat o los portugueses Helena Almeida, Gérard Castello-Lopes, António Júlio Duarte, Fernando Lemos o Jorge Molder. El título de la exposición hace referencia a la historia que hay detrás de cada instantánea, la vida privada de la fotografía, relatada directamente por los fotógrafos.
La muestra empieza con los grandes clásicos de los años 50, con el optimismo de un Català-Roca, la melancolía lisboeta de Jorge Guerra o las influencias surrealistas de Fernando Lemos, así como los retratos de los escasos círculos culturales que compartieron Sena da Silva, Fernando Lemos y Nicolas Muller.
Las relaciones de resistencia creativa que se establecieron entre los grupos de Almería, Barcelona y Madrid, en la excepcional generación de los años 60 , representada entre otros por Ramón Masats, Xavier Miserachs, Gabriel Cualladó, Paco Gómez, Carlos Pérez Siquier y Joan Colom, jun
to a portugueses como Gérard Castello-Lopes.
También
están bien representadas las productivas décadas de los años 80 y 90 con obras, entre otros, de Toni Catany, Joan Fontcuberta, Alberto García Alix, Cristina García Rodero, Javier Vallhonrat, Helena Almeida o Jorge Molder; hasta llegar a nuestros días con autores como José Luis Neto, Augusto Alves da Silva, Vari Caramés o Xavier Ribas.
Vidas privadas de las fotografías
Las vidas privadas ( de las fotografías ) son las descripciones que hacen los fotógrafos de aquella parte de la historia que nunca se cuenta, lo que ocurría tras el visor de la cámara. Es cierto que muchos artistas prefieren que sean sus imágenes las que se expresen, pero también lo es que el arte se ha analizado desde la perspectiva de los especialistas, raramente desde la visión de los artistas.
 
 En este sentido, algunos fotógrafos optan por relatar la escena fotografiada, mientras que otros prefieren destacar las particularidades técnicas de la obra.
La colección de Foto Colectania
Desde sus comienzos la colección se circunscribió a la época contemporánea –desde 1950 hasta nuestros días- y a dos países, España y Portugal. Estas dos premisas, además de las sorprendentes similitudes entre las obras de ambos países, acabaron por dar sentido a una tercera, la práctica de un coleccionismo de recorridos: tratamos de adquirir una obra extensa de la mayoría de los fotógrafos representados, con trabajos iniciales, series emblemáticas o fotografías inéditas que permiten apreciar la evolución de sus trayectorias.
La colección, que Mario Rotllant inició en el año 2000, cuenta en la actualidad con más de 1.600 copias. Recientemente, los fondos de la fundación se han visto incrementados con la cesión de parte de los fondos de otros coleccionistas privados y la donación del archivo de Paco Gómez, que constituye otra colección en sí misma.
Nos encantaría detallar muchas piezas excepcionales, álbumes o destacar fotógrafos menos célebres, así como infinidad de obras que no hemos podido incorporar a esta muestra, por lo que les emplazamos a consultar www.colectania.es
Desde la sala de exposiciones de la Universitat, Sala Estudi General, se abrirá una conexión vía Internet a nuestro programa de gestión de la colección, accesible sólo desde la sede de Foto Colectania en Barcelona. Esto permitirá visionar la totalidad de las fotografías de la colección, divididas por autores.
Catálogo para las vidas privadas de las fotografías
La exposición se complementa con la edición de un catálogo que reproduce todas las fotografías expuestas y en el que aparecen explícitamente los criterios de selección. Con la misma intención, se han solicitado los textos a emblemáticos fotógrafos, que repasan las últimas décadas de nuestra fotografía, ejerciendo como protagonistas con sus testimonios. Para ello se ha contado con la colaboración de Carlos Pérez Siquier, Oriol Maspons, Jorge Rueda, Joan Fontcuberta, Jorge Ribalta, Javier Vallhonrat, Fernando Lemos, Gérard Castello-Lopes y Daniel Blaufuks.

Del 14 de diciembre de 2005 al 22 de enero de 2006
FOTOGRAFÍA SOVIETICA 1920-1960

Para sacar a la luz la fotografía del periodo soviético hay que resumir, aunque sólo sea de modo sucinto, la fotografía rusa anterior al mismo. Cabe señalar que la fotografía hizo su aparición en Rusia ya en 1840 y que se desarrolló en las dos capitales, San Petersburgo y Moscú, así como en las provincias. Sus principales promotores fueron extranjeros que produjeron y suministraron los materiales, e impulsaron las primeras empresas fotográficas importantes. Sin embargo, la contribución de las iniciativas autóctonas tuvo también un gran peso. Desde sus primeros pasos, la fotografía en Rusia estuvo bajo la guía y el control del Estado. En primer lugar, la Academia Imperial Rusa de las Ciencias fue una de las pocas instituciones europeas importantes que prestó la misma atención a los estudios ópticos que a los fotográficos, que promovió activamente ya a mediados del siglo XIX. En segundo lugar, hacia finales de ese siglo, la Academia Imperial Rusa de Bellas Artes no sólo había producido artistas que practicaban la fotografía, sino que también se había ocupado de la regulación de los derechos de autor en ese campo. En tercer lugar, tanto las colecciones fotográficas de los Romanov como las accesibles al público –por ejemplo, las de la sección de grabados de la Biblioteca Pública Imperial de San Petersburgo (actualmente Biblioteca Nacional Rusa)– se empezaron a formar a mediados de la década de 1850 y, sin lugar a dudas, eran muy instructivas y representativas en cuanto a los géneros, los hechos reseñados y los nombres de los fotógrafos y artistas que se dedicaban a la fotografía. Por último, en el Imperio Ruso la fotografía se usaba como medio de control policial (una foto validada en una comisaría local ya servía como carné de identidad en la década de 1860) y como instrumento para la lucha política.
Durante el siglo XIX fotógrafos rusos participaron con regularidad en exposiciones fotográficas organizadas en países europeos y, a principios del siglo XX, la fotografía abarcaba un espacio cultural unificado sin líneas divisorias entre Europa y Rusia. A principios del siglo XX la contribución de artistas fotógrafos rusos (pictorialistas) fue significativa para el desarrollo de la fotografía pictorialista europea y mundial, tal como ponen de manifiesto las obras de Nikolai Petrov, Sergei Lobovikov, Alexei Mazurin y Alexander Grinberg en los catálogos de las muestras europeas de fotografía pictorialista. En aquella época, la fotografía de aficionados creció en Rusia hasta alcanzar una gran difusión, lo que llevó a la fundación de la Sociedad Fotográfica Rusa en Moscú en 1894, la Sociedad Daguerre en Kiev en 1908, y más de treinta sociedades fotográficas en la parte europea de Rusia, así como más de diez en la zona asiática del país.
La Revolución de 1917 alteró el vector de esa evolución libre de la fotografía en Rusia. Primero en los discursos de los activistas revolucionarios y luego a finales de la década de 1920, la fotografía perdió su estatus de arte libre, pues los comunistas creían firmemente que la fotografía y la palabra impresa (periódico) eran inseparables. Dice la leyenda que en 1918 Lenin no sólo escribió que “la cinematografía y el circo son las artes más importantes para nosotros”, sino que en las conversaciones con sus más allegados colaboradores afirmó en repetidas ocasiones que la fotografía, en principio, no podía convertirse en arte puesto que se basaba en el reflejo mecánico de la realidad. En un país en el que en 1917 más del 60% de la población era analfabeta, la proclamación de que se debía dar la máxima importancia a las artes de masas era justificable y válida desde un punto de vista estratégico. Sin embargo, la declaración de Lenin reducía la fotografía a una herramienta ideológica objeto de un control rígido, completamente subordinada a las actividades verbales y privada de la posibilidad de desarrollar con libertad su lenguaje artístico.
En la década de 1920, la existencia e incluso el desarrollo independiente de la fotografía pictorialista en Moscú y San Petersburgo-Leningrado funcionó como una especie de cortina de humo. Artistas conocidos de la época prerrevolucionaria y sus jóvenes discípulos siguieron exponiendo en muestras fotográficas internacionales en el extranjero para dar testimonio del pluralismo artístico y de la ausencia de represión por motivos ideológicos en la Rusia Soviética. Simultáneamente, a finales de la década de 1920 los pictorialistas ya no estaban en el candelero mundial y el pictorialismo dejó de ser considerado el estilo puntero de la época tras la exposición Film und Foto de Stuttgart y otras manifestaciones de las tendencias modernas.
Aun así, en términos generales, antes de 1928 –cuando terminó el periodo de la Nueva Política Económica, caracterizado por el funcionamiento del libre mercado y unas ciertas libertades democráticas– el arte fotográfico tuvo la oportunidad de desarrollarse en la Rusia soviética. En 1928 sobrevino un cambio de primer orden: se acusó a los pictorialistas de preconizar los valores pequeño burgueses, auspiciar la decadencia y apoyar la filosofía de los propietarios privados rurales al ofrecer unos paisajes bucólicos elegíacos que se oponían a la política estatal de integrar a los campesinos en granjas colectivas. Pronto afloraron otras críticas. No se prorrogó la inscripción de la sociedad de fotógrafos artistas en el registro de asociaciones y se cerró su revista. Algunos pictorialistas fueron objeto de represión de 1935 a 1937, lo que acabó comprometiendo el pictorialismo a ojos de los críticos y los espectadores.
La fotografía constructivista se convirtió en la siguiente víctima de la lucha librada de 1928 a 1935 por la pureza ideológica de la fotografía. Los fotógrafos representantes de dicho movimiento –entre los que se contaban Alexander Rodchenko, Boris Ignatovich, Eleazar Langman, Semyon Fridlyand, Arkady Shaikhet y otros– pertenecían a diferentes grupos artísticos y fotográficos y procedían de distintos entornos sociales y educativos. Lo que tenían en común era el deseo de “cambiar de punto de vista” y ofrecer una nueva visión de la nueva realidad socialista. En efecto, los marcados escorzos de Rodchenko o la distancia mínima entre la lente y el objeto de Langman constituían un nuevo lenguaje fotográfico, estrictamente moderno en cuanto a su naturaleza y absolutamente revolucionario en cuanto a su espíritu. Estos fotógrafos tenían la sensación de expresar la “nueva verdad”. Si bien sus argumentos en la prensa fotográfica y la nacional habían contribuido a relegar al olvido a “los viejos maestros de la fotografía”, luego les llegó el turno a los propios revolucionarios. Tras la exposición Maestros de la fotografía soviética de 1935, muchos constructivistas ya no pudieron aparecer en la prensa nacional y algunos de ellos modificaron, cuando menos, el estilo de su obra. Por suerte, algunas publicaciones ilustradas, como la revista Ogonyok (que se fundó en 1899 y reapareció en 1921) y La URSS en construcción (fundada en 1931) dieron trabajo a fotógrafos de las más diversas escuelas.
Toda la sociedad se vio implicada en el proceso de separación de los revolucionarios radicales de los “verdaderos comunistas” leales a las autoridades, lo que dio lugar a la represión política masiva de la década de 1930. En el plano económico, ello desembocó en los juicios a los campesinos ricos (“kulaks”) y los partidarios de la economía de mercado. En el ejército, los militares pro occidentales fueron sustituidos por los leales al Comité Central del Partido Comunista de la Unión (“bolcheviques”).
En cuanto a las artes, el hito lo marcó el discurso de Máximo Gorki en el congreso de escritores de 1932, donde planteó las ideas de crear “el gran estilo” y fundar una organización unificada de escritores, que aglutinaría a los distintos grupos. La segunda idea se concretó en la creación de la Unión de Escritores de la URSS. Posteriormente aparecieron también la Unión de Compositores y la Unión de Artistas, que convirtieron en parias a los profesionales que no ingresaron en las mismas (principalmente por razones políticas). Cabe señalar que ni los críticos de arte, ni los periodistas, ni los fotógrafos se agruparon en uniones voluntariamente: los críticos de arte y los historiadores se incorporaron a la Unión de Artistas, la Unión de Compositores y la Unión de Escritores (según las respectivas subdivisiones); la Unión de Periodistas no apareció hasta 1959 y la Unión de Artistas Fotográficos se fundó en 1991 tras el hundimiento de la URSS.
En lo que concierne al nuevo estilo de los escritores denominado realismo socialista, con el tiempo representantes de otras artes se unieron en búsqueda del mismo. En la prensa fotográfica este término no apareció hasta 1937 y definía no tanto el estilo como la afinidad de los principios de la fotografía con el arte del socialismo realista. Sin embargo, fue precisamente dicha “afinidad” lo que posibilitó la aparición de la fotografía en la prensa nacional, así como su participación en exposiciones nacionales e internacionales para representar a la URSS en el mundo. Dra. Irina Tchmyreva













La exposición incluye fotografías de Max Alpert, Dimitri Baltermans, Lev Borodulin, Evgueni Khaldei, Aleksandr Rodchenko, y Ivan Shagin, entre otros.

Del 14 de diciembre de 2005 al 22 de enero de 2006
FOTOGRAFÍA SOVIETICA 1920-1960

Para sacar a la luz la fotografía del periodo soviético hay que resumir, aunque sólo sea de modo sucinto, la fotografía rusa anterior al mismo. Cabe señalar que la fotografía hizo su aparición en Rusia ya en 1840 y que se desarrolló en las dos capitales, San Petersburgo y Moscú, así como en las provincias. Sus principales promotores fueron extranjeros que produjeron y suministraron los materiales, e impulsaron las primeras empresas fotográficas importantes. Sin embargo, la contribución de las iniciativas autóctonas tuvo también un gran peso. Desde sus primeros pasos, la fotografía en Rusia estuvo bajo la guía y el control del Estado. En primer lugar, la Academia Imperial Rusa de las Ciencias fue una de las pocas instituciones europeas importantes que prestó la misma atención a los estudios ópticos que a los fotográficos, que promovió activamente ya a mediados del siglo XIX. En segundo lugar, hacia finales de ese siglo, la Academia Imperial Rusa de Bellas Artes no sólo había producido artistas que practicaban la fotografía, sino que también se había ocupado de la regulación de los derechos de autor en ese campo. En tercer lugar, tanto las colecciones fotográficas de los Romanov como las accesibles al público –por ejemplo, las de la sección de grabados de la Biblioteca Pública Imperial de San Petersburgo (actualmente Biblioteca Nacional Rusa)– se empezaron a formar a mediados de la década de 1850 y, sin lugar a dudas, eran muy instructivas y representativas en cuanto a los géneros, los hechos reseñados y los nombres de los fotógrafos y artistas que se dedicaban a la fotografía. Por último, en el Imperio Ruso la fotografía se usaba como medio de control policial (una foto validada en una comisaría local ya servía como carné de identidad en la década de 1860) y como instrumento para la lucha política.
Durante el siglo XIX fotógrafos rusos participaron con regularidad en exposiciones fotográficas organizadas en países europeos y, a principios del siglo XX, la fotografía abarcaba un espacio cultural unificado sin líneas divisorias entre Europa y Rusia. A principios del siglo XX la contribución de artistas fotógrafos rusos (pictorialistas) fue significativa para el desarrollo de la fotografía pictorialista europea y mundial, tal como ponen de manifiesto las obras de Nikolai Petrov, Sergei Lobovikov, Alexei Mazurin y Alexander Grinberg en los catálogos de las muestras europeas de fotografía pictorialista. En aquella época, la fotografía de aficionados creció en Rusia hasta alcanzar una gran difusión, lo que llevó a la fundación de la Sociedad Fotográfica Rusa en Moscú en 1894, la Sociedad Daguerre en Kiev en 1908, y más de treinta sociedades fotográficas en la parte europea de Rusia, así como más de diez en la zona asiática del país.
La Revolución de 1917 alteró el vector de esa evolución libre de la fotografía en Rusia. Primero en los discursos de los activistas revolucionarios y luego a finales de la década de 1920, la fotografía perdió su estatus de arte libre, pues los comunistas creían firmemente que la fotografía y la palabra impresa (periódico) eran inseparables. Dice la leyenda que en 1918 Lenin no sólo escribió que “la cinematografía y el circo son las artes más importantes para nosotros”, sino que en las conversaciones con sus más allegados colaboradores afirmó en repetidas ocasiones que la fotografía, en principio, no podía convertirse en arte puesto que se basaba en el reflejo mecánico de la realidad. En un país en el que en 1917 más del 60% de la población era analfabeta, la proclamación de que se debía dar la máxima importancia a las artes de masas era justificable y válida desde un punto de vista estratégico. Sin embargo, la declaración de Lenin reducía la fotografía a una herramienta ideológica objeto de un control rígido, completamente subordinada a las actividades verbales y privada de la posibilidad de desarrollar con libertad su lenguaje artístico.
En la década de 1920, la existencia e incluso el desarrollo independiente de la fotografía pictorialista en Moscú y San Petersburgo-Leningrado funcionó como una especie de cortina de humo. Artistas conocidos de la época prerrevolucionaria y sus jóvenes discípulos siguieron exponiendo en muestras fotográficas internacionales en el extranjero para dar testimonio del pluralismo artístico y de la ausencia de represión por motivos ideológicos en la Rusia Soviética. Simultáneamente, a finales de la década de 1920 los pictorialistas ya no estaban en el candelero mundial y el pictorialismo dejó de ser considerado el estilo puntero de la época tras la exposición Film und Foto de Stuttgart y otras manifestaciones de las tendencias modernas.
Aun así, en términos generales, antes de 1928 –cuando terminó el periodo de la Nueva Política Económica, caracterizado por el funcionamiento del libre mercado y unas ciertas libertades democráticas– el arte fotográfico tuvo la oportunidad de desarrollarse en la Rusia soviética. En 1928 sobrevino un cambio de primer orden: se acusó a los pictorialistas de preconizar los valores pequeño burgueses, auspiciar la decadencia y apoyar la filosofía de los propietarios privados rurales al ofrecer unos paisajes bucólicos elegíacos que se oponían a la política estatal de integrar a los campesinos en granjas colectivas. Pronto afloraron otras críticas. No se prorrogó la inscripción de la sociedad de fotógrafos artistas en el registro de asociaciones y se cerró su revista. Algunos pictorialistas fueron objeto de represión de 1935 a 1937, lo que acabó comprometiendo el pictorialismo a ojos de los críticos y los espectadores.
La fotografía constructivista se convirtió en la siguiente víctima de la lucha librada de 1928 a 1935 por la pureza ideológica de la fotografía. Los fotógrafos representantes de dicho movimiento –entre los que se contaban Alexander Rodchenko, Boris Ignatovich, Eleazar Langman, Semyon Fridlyand, Arkady Shaikhet y otros– pertenecían a diferentes grupos artísticos y fotográficos y procedían de distintos entornos sociales y educativos. Lo que tenían en común era el deseo de “cambiar de punto de vista” y ofrecer una nueva visión de la nueva realidad socialista. En efecto, los marcados escorzos de Rodchenko o la distancia mínima entre la lente y el objeto de Langman constituían un nuevo lenguaje fotográfico, estrictamente moderno en cuanto a su naturaleza y absolutamente revolucionario en cuanto a su espíritu. Estos fotógrafos tenían la sensación de expresar la “nueva verdad”. Si bien sus argumentos en la prensa fotográfica y la nacional habían contribuido a relegar al olvido a “los viejos maestros de la fotografía”, luego les llegó el turno a los propios revolucionarios. Tras la exposición Maestros de la fotografía soviética de 1935, muchos constructivistas ya no pudieron aparecer en la prensa nacional y algunos de ellos modificaron, cuando menos, el estilo de su obra. Por suerte, algunas publicaciones ilustradas, como la revista Ogonyok (que se fundó en 1899 y reapareció en 1921) y La URSS en construcción (fundada en 1931) dieron trabajo a fotógrafos de las más diversas escuelas.
Toda la sociedad se vio implicada en el proceso de separación de los revolucionarios radicales de los “verdaderos comunistas” leales a las autoridades, lo que dio lugar a la represión política masiva de la década de 1930. En el plano económico, ello desembocó en los juicios a los campesinos ricos (“kulaks”) y los partidarios de la economía de mercado. En el ejército, los militares pro occidentales fueron sustituidos por los leales al Comité Central del Partido Comunista de la Unión (“bolcheviques”).
En cuanto a las artes, el hito lo marcó el discurso de Máximo Gorki en el congreso de escritores de 1932, donde planteó las ideas de crear “el gran estilo” y fundar una organización unificada de escritores, que aglutinaría a los distintos grupos. La segunda idea se concretó en la creación de la Unión de Escritores de la URSS. Posteriormente aparecieron también la Unión de Compositores y la Unión de Artistas, que convirtieron en parias a los profesionales que no ingresaron en las mismas (principalmente por razones políticas). Cabe señalar que ni los críticos de arte, ni los periodistas, ni los fotógrafos se agruparon en uniones voluntariamente: los críticos de arte y los historiadores se incorporaron a la Unión de Artistas, la Unión de Compositores y la Unión de Escritores (según las respectivas subdivisiones); la Unión de Periodistas no apareció hasta 1959 y la Unión de Artistas Fotográficos se fundó en 1991 tras el hundimiento de la URSS.
En lo que concierne al nuevo estilo de los escritores denominado realismo socialista, con el tiempo representantes de otras artes se unieron en búsqueda del mismo. En la prensa fotográfica este término no apareció hasta 1937 y definía no tanto el estilo como la afinidad de los principios de la fotografía con el arte del socialismo realista. Sin embargo, fue precisamente dicha “afinidad” lo que posibilitó la aparición de la fotografía en la prensa nacional, así como su participación en exposiciones nacionales e internacionales para representar a la URSS en el mundo. Dra. Irina Tchmyreva













La exposición incluye fotografías de Max Alpert, Dimitri Baltermans, Lev Borodulin, Evgueni Khaldei, Aleksandr Rodchenko, y Ivan Shagin, entre otros.

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ALEXANDRE RODTCHENKO
Las Brigada Internacionales