DIBUJOS del legado Gómez-Moreno
Del 15 de enero al 17 de febrero de 2008
DIBUJOS del legado Gómez-Moreno
Con la Colaboración de la Fundación Rodríguez-Acosta
SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LA IGLESIA DE LAS FRANCESAS (c/ Santiago, s/n. Tlfno.983 373251)
La universal curiosidad de Don Manuel Gómez-Moreno Martínez por todo cuanto tuviese relación con el mundo de las artes -que le hizo reunir y coleccionar los más variados objetos, desde hachas prehistóricas a cerámica popular casi contemporánea- no podía haber olvidado el mundo del dibujo, testimonio tantas veces de la frescura de la invención, del impulso apasionado y casi sin control de la mano del artista, así como de sus vacilaciones y rectificaciones, con más fuerza inmediata que las obras concluidas.
La circunstancia de ser su padre pintor de prestigio y amigo de pintores, le hizo heredero de un abundante caudal de carpetas y papeles en los que se recogía mucho de la actividad paterna y algunos testimonios de los amigos y contemporáneos, en la atmósfera de cordial y doméstica camaradería en que se desarrollaba la vida de los pensionados en Roma, y la de los círculos granadinos de artistas y aficionados. Dibujos de amigos y camaradas, en Granada primero y en Roma después, testimonios de amistad y ejercicios de destreza académica, se encuentran entre los muchos dibujos del siglo XIX presentes en la colección.
El azar de viajes y encuentros le hizo adquirir también luego otros dibujos antiguos y despertaron en él una curiosidad por el estudio de esos testimonios frágiles de la creación, que en España eran -y en cierto modo lo son todavía-, bastante desdeñados, desconocidos y tenidos en bien poco.
El interés por el dibujo se evidencia también si se tiene en cuenta que, al hilo de sus viajes, no dejaba de visitar los gabinetes de dibujos de los Museos, y -consciente del enorme desconocimiento de la historia del dibujo español cuya existencia había sido negada en ocasiones, en nombre de una pretendida incapacidad del español para la abstracción que la línea sobre el papel aparece exigir-, anotaba en menudas octavillas, con frecuencia ilustradas con rapidísimos apuntes que le permitiesen recordar las composiciones, datos y precisiones, temas y procedencias, que guardaba ordenadamente. Cuando ya en su ancianidad, Don Diego Angulo, fiel discípulo suyo, le habló del proyecto de preparar un Corpus del dibujo Español, en el que ya había comenzado a trabajar con mi colaboración, le entregó un buen número de esas preciosas anotaciones, “ por si pueden servirte”. Su generosidad en esto, como en tantas otras cosas, era enorme y abierta, y aquellas menudas anotaciones nos pusieron en más de un caso sobre la pista de obras poco conocidas.
Parece indudable que entre los muchos proyectos iniciados, o al menos imaginados y abandonados luego, debió de estar el de estudiar el dibujo español, reuniendo para ello fotografías, haciéndolas él mismo, o encargándolas a sus colaboradores más próximos. En el Centro de Estudios Históricos se reunieron muchas fotografías de dibujos de Museos y colecciones privadas, hechas por él y por Ricardo de Orueta, que sirvieron de base- con otras acopiadas fuera de España-, para los volúmenes que en 1931 firmó Francisco Javier Sánchez Cantón, pero que se debieron al entusiasmo y decisión de Don Elías Tormo y a la generosa actitud de Gómez-Moreno, como muy expresamente se reconoce en el tomo IV, dedicado a Alonso Cano, y por ello de muy especial atractivo para Don Manuel.
A ese común interés por el dibujo, que bajo la dirección de Don Diego Angulo me llevó a estudiar en 1959 los dibujos italianos de la Real Academia de San Fernando, debo mis primeros contactos personales con Don Manuel, que reorganizaba entonces una selección de dibujos de la Academia para su nueva instalación museal. Aprovechando que las piezas habitualmente expuestas en las vitrinas estaban fuera de ellas y eran accesibles para poder ver sus reversos, hube de acompañar varias tardes a Don Manuel ya de casi noventa años pero con la vitalidad y la inteligencia bien despierta y propicio como siempre a enseñar y a despertar en los más jóvenes intereses y curiosidad. Aspectos de las técnicas gráficas, diferencias entre los distintos papeles empleados por los artistas, y agudas observaciones de carácter estético, me hicieron admirar y estimar profundamente a aquel anciano vivacísimo que no permitía que nadie recogiese un objeto caído al suelo, pues había de hacerlo él mismo ya que: “¡No estoy tan viejo!”.
Entre los dibujos reunidos, y ahora conservados en las colecciones de su Instituto al cuidado de la Fundación Rodríguez-Acosta, priman, como es lógico, los del siglo XIX, con una notabilísima serie de obras de su padre Don Manuel Gómez-Moreno González, y de algunos de sus amigos y compañeros, como ya hemos dicho.
Más escasos son los dibujos “antiguos” de procedencia dificilísima de establecer, salvo unos pocos casos en que se anotó a quién los adquirió.
En una época en que se desconocía casi todo sobre el dibujo español y no eran fácilmente accesibles las publicaciones que sobre el dibujo de los “viejos maestros” europeos se iban logrando en Europa y América, es perfectamente explicable que algunos de los dibujos reunidos por Don Manuel recibiesen atribuciones generosas y problemáticas.
Hoy, con muchísimos más elementos de juicio y con un más preciso conocimiento, sigue siendo difícil clasificar con precisión obras que se relacionan, de modo más o menos directo, con algunos de los “grandes nombres” que durante muchos años fueron las únicas referencias utilizadas.
De los más de doscientos cincuenta dibujos que constituyen la colección, sólo unos treinta y siete pueden considerarse anteriores a 1800, y casi todas las atribuciones llamativas que algunos de ellos llevaban en la colección, exigen ser revisadas. Ningún dibujo de los considerados de Goya puede ser aceptado como tal, siendo obra seguramente de un imitador tardío que realizó abundantes sanguinas “goyescas” distribuidas por colecciones formadas a fines del pasado siglo. Un presunto boceto para La ronda de Noche de Rembrandt, ha de ser más bien un estudio posterior, quizá holandés, pero no de la mano del maestro. Los bellos dibujos atribuidos a Luca Giordano son obras, italianas desde luego, pero de artista ajeno a los modos del gran artista napolitano, y el dibujo que ahora se expone, con un estudio de boca abierta, creído de Jordaens, es, quizá, obra del mismísimo Ribera. Todo ello da idea de lo problemático del estudio de la colección, que exige una revisión cuidadosísima.
Se ha preparado en esta ocasión una selección de obras significativas y de clasificación más o menos segura, que den idea del contenido y tono de la colección, distribuyéndolas en tres bloques, muy desiguales en carácter y volumen, pero manteniendo, en cierto modo, la proporción que presenta la totalidad de la colección.
El grueso de la exposición, limitada a poco menos de cien piezas, se constituye con los dibujos del siglo XIX, distribuidos en dos bloques casi iguales. Cuarenta y nueve de ellos son obra de Don Manuel Gómez-Moreno González y, además de su intrínseca calidad, ofrecen un interés excepcional como documento familiar, y como ilustración del gusto y la sensibilidad del momento.
El otro grupo, constituido por cuarenta piezas, se integra con obras de otros artistas decimonónicos, algunos ligados a Gómez-Moreno por vínculos de amistad (Alejandro Ferrant, Manuel Domínguez), y otras, frutos del coleccionismo, más fácil y seguro en artistas próximos en el tiempo y bien conocidos.
Por último, se ha incluido también un reducidísimo testimonio (siete dibujos) de los “viejos maestros” elegidos entre los de más segura atribución y más objetiva calidad. Se obtiene así una visión bastante aproximada de lo que es la colección, que algún día habrá de ser estudiada en su totalidad. Es posible que el estudio apurado de los dibujos anónimos, entre los cuales se encuentran algunos interesantes estudios de arquitecturas y retablos, permita la identificación precisa de algunos y autorice atribuciones concretas, incluso para aquellos dibujos no españoles de cierta calidad que sorprenden por su escasa relación con el ambiente que los restantes traducen.
ALFONSO E. PÉREZ SÁNCHEZ