EL SEPTETO SANTIAGUERO
Cuba
“ NO PARES LOS PIES”
El sabor y la picardía del Son cubano
Martes 5
22:00 h
Llegan desde Cuba como los grandes continuadores que son de una profunda tradición sonera. Un colectivo que ha heredado y enaltecido diferentes interpretaciones de la música tradicional cubana. En Santiago, en la calle Heredia, nació la Casa de la Trova donde la joven trova de Santiago de Cuba, el Septeto Santiaguero, cultiva desde 1962 los ritmos cubanos.
Fundado hace cuarenta y tres años por prestigiosos músicos -entre los que se encontraban Sabaz Nápoles y Gastón Fabré- con el nombre de "Conjunto Melodías del Ayer" ofrecieron su primera gira por España el año 1995. Coincidiendo con dichos conciertos adoptaron su denominación actual con el consejo de la FUNDACIÓN CULTURAL SON AL SON y ejecutaron ciertos ajustes referidos a la concepción de los arreglos y a la formación instrumental del grupo.
El formato actual del "SEPTETO SANTIAGUERO" -variado recientemente en la figura de uno de los dos vocalistas- recoge una gran variedad sonora que le faculta para la interpretación de un amplio abanico de ritmos: el son, la guaracha, el bolero, la guajira y el guaguancó son parte habitual de su repertorio.
El Septeto Santiaguero es una de las formaciones señeras de Santiago de Cuba. Formado por jóvenes músicos, su historia se remonta al año 1962 cuando Sabaz Nápoles y Gastón Fabré fundan Melodías de Ayer, una heterodoxa formación que, junto con la Estudiantina Invasora y el Cuarteto Patria, anima durante décadas los días y las noches de la Casa de la Trova y el Café Cantante de la calle Heredia.
Cuando, por ley de vida, se jubilaron la mayoría de los fundadores de Melodías de Ayer, los que continuaron no siguieron con la línea de la música tradicional. Decidieron cambiar el nombre por el actual de Septeto Santiaguero. Pero ahí no terminó la transición. Algunos de los jóvenes que habían entrado salieron para constituir el Quinteto luz. Fue en ese momento cuando, procedente de Sones de Oriente, entró Fernando Dewar, un tresero que asumió la dirección del grupo y le dio la orientación que actualmente tiene.
Fernando, como tantos otros jóvenes santiagueros, había empezado a tocar en la guitarra las canciones de moda, Bee Gees, Eagles, etc. Al pasar a la universidad cambió de Música e instrumento y entró de contrabajista en un septeto. Para él, el septeto es la formación ideal para tocar son, por la combinación que se logra entre el tres, la síncopa de la guitarra, la percusión y la sonoridad de la trompeta. El septeto se adapta perfectamente a varios géneros, consiguiendo todo el sabor que buscamos sin tener que recurrir a muchos músicos.
Cuando Fernando tomó las riendas del Septeto Santiaguero se aparcaron los mambos y se adoptó la disciplina del septeto tradicional -guitarra, tres, bongó, claves, maracas, contrabajo y trompeta- sin más licencia que la tumbadora, a mayor gloria de Arsenio Rodríguez. Era por tanto un septeto de ocho, pero conservó el apelativo de septeto porque la música que hacía y cómo la hacía era la propia del septeto.
Este proceso de renovación tuvo lugar entre el 93 y el 95. Eran años muy duros para la música en Santiago de Cuba y en todo el país. Las dificultades puestas en evidencia por el «período especial» habían dejado bajo mínimos las estructuras comerciales de la música. Aunque en La Habana el auge de las grandes orquestas ha sido total a lo largo de los noventa, en Santiago la mayoría de las orquestas se quedaron sin trabajo ya que no había dinero para pagar a agrupaciones tan grandes. Los carnavales dejaron de ser lo que eran y perdieron su poder de contratación. La crisis trajo como consecuencia el que muchas orquestas se dividieran y se canalizasen en los dúos, tríos, cuartetos, quintetos y septetos hacia el turismo, que crece día a día, y que asimila perfectamente estos grupos de pequeño formato. Por otro lado, a la hora de tocar en el extranjero es mucho más fácil que viaje un quinteto o un septeto que una gran orquesta.
Para situarnos un poco, recordemos que en el 94 surge la Vieja Trova Santiaguera. En febrero graba su primer disco en La Habana, y en el verano, ante la incredulidad de propios y extraños, recibe el primer espaldarazo en España, prólogo del éxito rotundo que alcanzará en toda Europa en estíos inmediatos. Paralelamente en Sevilla aterriza Compay Segundo, por obra y gracia de la Diputación Provincial, animando los Encuentros de Flamenco y Son. Estas dos pequeñas formaciones conseguirán que en pocos años medio mundo esté redescubriendo el son santiaguero, dejando a los habaneros con la miel en los labios. Este reconocimiento a la música tradicional de Santiago de Cuba ha supuesto una gran motivación para que muchos jóvenes estén hoy interpretando música tradicional. En realidad, de todos estos músicos mayores los únicos que de verdad habían llegado a hacerse populares en Cuba eran Los Compadres.
En el verano del 95, una gente del Norte, entusiasmada por sus actuaciones en la Casa de la Trova, consigue traerse al Septeto Santiaguero a España. En Euskadi permanecen la mayor parte del tiempo, tocan en el Festival Folk de Getxo y, en una escapadita a Madrid, se presentan en Suristán. La voz de alerta la había dado Antonio Mora, quien desde Radio Nervión apoyaba sus correrías norteñas. El aval de Pancho Cobas, de la Vieja Trova Santiaguera, y el impresionante directo que realizan allana el terreno ante Nubenegra. En mayo del año siguiente, en unas dependencias de un garaje -en la zona del Vedado, en La Habana- rústicamente acondicionadas como estudio, se graba, bajo la batuta de Demetrio Muñiz, el primer disco. Es la meta de cualquier grupo. Tener la propia música editada para que la escuchen tanto las generaciones presentes como las futuras. El hecho de que fuera editado en España suponía un estímulo añadido. En Cuba era prácticamente imposible que el Septeto Santiaguero llegase a grabar. A lo sumo podía aspirar a una grabación en directo en Egrem como la de Corasán, Son de Santiago, que de aquella época, pero editada en el 97, recoge canciones de siete grupos soneros de la capital oriental y pone ya de relieve la calidad del Septeto Santiaguero, al que se le reserva el honor de abrir el disco.
La nota más destacada de su primer CD, titulado sin más Septeto Santiaguero, es la energía que irradia. Abundan sobre todo los sones, pero también hay cabida para guarachas, boleros y hasta un guaguancó-son. Canciones que quieren reflejar ese directo impactante, en el que nadie se toma respiro entre baile y baile. Hay tres sones de Miguel Matamoros, entre ellos una muy poco conocida «Bomba lacrimosa", dos guarachas de Ñico Saquito, una de las cuales, «Ya que estoy en mi Cubita», se convierte en la estrella del disco, un guaguancó de Arsenio Rodríguez, un bolero de Antonio Núñez, y el «Sazonando» de Luis Martínez Griñán, del que hacen una versión implacable. Junto a temas y autores tan celebrados encontramos dos sones y dos guarachas firmados por José Luis Losada, un compositor santiaguero, que se los escribe a petición del grupo, pues en el ánimo de todos está el deseo de presentar cosas nuevas. Lo cierto es que estas cuatro canciones resisten bien la vecindad de los clásicos.
La presentación del compacto, al que le hace la portada Ceesepe, queda deslucida por la demora de los visados que impide que aprovechen la tribuna brindada por el primer Bilbao Tropical. De cualquier modo, y aunque con retraso, salvan el verano, tocan su CD en numerosos puntos de la geografía española, e incluso incursionan en Francia y Suiza, y vuelan a las Azores.
Bajo la dirección de Fernando Dewar, en todos estos años, el Septeto Santiaguero no ha hecho más que madurar y mantenerse firme en su vocación sonera. Hoy por hoy, es la mejor formación que se puede escuchar en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba. Si no lo encontramos allí debemos buscarlo muy cerca, en Casa Granda, dando al parque Céspedes, el otro lugar donde habitualmente se presenta. Cuando las circunstancias lo permiten, los siete acuden a Cienfuegos para participar en el Festival del Son o se escapan a la Habana, donde siempre son bien recibidos.
En el alocado 98, lleno de fastos y aniversarios, el grupo ha trabajado sobre todo en México, en Isla Mujeres; allí ha ido puliendo el material para su segundo compacto. En él encontramos un par de cambios en cuanto a la formación anterior: la salida de Alfredo Fuentes, y con él la tumbadora en directo, y el relevo de Ramón Rodríguez, sustituido por José Alberto Rodríguez en la trompeta.
México ha sido un país que siempre ha recibido con los brazos abiertos a los músicos cubanos. No hay más que recordar las giras triunfales de Beny Moré o Miguel Matamoros, como botón de muestra. El Septeto Santiaguero, desde su base en Isla Mujeres, ha conseguido hacerse un nombre en la península de Yucatán, con conciertos en Mérida, Cancún, Cozumel y Chetumal en los que ha exhibido la tradición santiaguera frente a tópicos shows de mulatas y bailarinas cubanas. Problemas burocráticos están convirtiendo su animación del baile de fin de año en Isla Mujeres y su participación en el festival del Caribe en Cancún en una cita permanente.
La oportuna invitación a una fiesta nacionalista en Euskadi, en pleno mes de marzo, ha permitido que su segundo disco se grabe en España. Al escuchar «La pulidora», que así se llama, lo primero que se identifica es un sonido mucho mejor, logrado no sólo por los avances tecnológicos que aporta Axis en comparación con el modesto estudio habanero, El Sótano, sino por el buen ambiente que bajo la dirección de Alberto Gambino ha reinado en cada una de las sesiones. Los avances están a la vista.
Hay elementos más que suficientes para que el Septeto Santiaguero brille con luz propia en esa inmensa galaxia que se ha convertido la música cubana en estos últimos tiempos: las excelentes voces de sus cantantes, que siguen manteniendo viva la tradición santiaguera de cantar a dúo, el trabajo brillante del trompetista, con un sonido más dulce y una mayor gama de registros, los solos de tres de Fernando Dewar, la potente sección de ritmo y esos coros llenos de fuerza y alegría, con el añadido en directo de las irresistibles coreografías diseñadas por Rudens.
FERNANDO DEWAR, director musical, tres y coros. Desde secundaria anduvo involucrado en grupos musicales. En preuniversitario entró en el Septeto Juventud Rebelde del que pronto se hizo con las riendas. Estudió Construcción de Maquinaria en la Universidad de La Habana, aprovechando para participar en festivales universitarios con el Septeto Son Entero. Estudió música en el Conservatorio Ignacio Cervantes de Ciudad Habana y en la Escuela de Superación Profesional de Santiago de Cuba. Posteriormente fue integrante de los grupos Expresión y Sones de Oriente. De este último pasó a dirigir Melodías de Ayer y luego el Septeto Santiaguero.
RUDENS MATOS, guitarra, coros, voz solista ocasional y coreografías. Como aficionado participó desde niño en el Palacio de Pioneros, Grupo 4 de Abril. Antes de pertenecer al septeto Santiaguero estuvo en la Brigada Artística de las FAR, el Trío los Galenos y Melodías de Ayer.
PEDRO ANTONIO RODÓN (TONY), voz solista y claves. Con 8 años ya andaba cantando dentro del movimiento de aficionados. Ha ganado la anual del programa «Todo el mundo canta», de Santiago de Cuba. Ha sido voz solista del Grupo Juventud Sonera, Sones de Oriente y Melodías de Ayer. Ha estudiado canto con profesores de Santiago de Cuba.
INOCENCIO HEREDIA (CHENCHO), voz solista y maracas. Como integrante del movimiento de aficionados participó en festivales de la FEM y la FEU. Cursó estudios de nivel superior en la Moscú, integrándose en un Coro Internacional que participó en una gala del 70 Aniversario de la Revolución de Octubre. Desde 1993 perteneció al quinteto tradicional Los Criollos, luego trabajó con Orquesta Chepín Chovén, de ahí pasó al Septeto Luz, y en 1996 entró en el Septeto Santiaguero.
JOSÉ DELGADO (El PEPE), bongós, tumbadora y cencerros. Como graduado de percusión en la Escuela de Arte de Bayamo trabajó como Instructor de Arte entre el 86 y el 92. Ese año entró en Melodías de Ayer como bongosero.
ADOLFO AGUILERA, bajo. De niño formó parte del grupo 4 de Abril, en el Palacio de los Pioneros. Como profesional ha pertenecido a Trinchera Agraria, Quinteto Siboney y Quinteto de la Trova.
JOSÉ ALBERTO RODRÍGUEZ, trompeta. Graduado en trompeta en la Escuela Vocacional de Arte de Santiago de Cuba y como Ingeniero en Control Automático por la Universidad de Oriente. Antes de entrar en el Septeto Santiaguero, en 1998, perteneció al septeto Nabory.
